Para este próximo domingo, 26 de octubre, volvemos a programar la excursión a LA GAMONAL. Como recordaréis no fue realizada al completo por el grupo en la anterior ocasión, debido a la niebla de aquel día de principios de temporada, y son varios los que han pedido volver a programarla. Confiando en que el tiempo nos sea favorable, la salida está prevista para las 8:30 en punto, y no se realizará ninguna parada intermedia, por lo que recomendamos a todos hacer los desayunos en casa.
La ruta, como ya sabéis, es Oviedo – Carretera Mieres – La Vega (Riosa) – Grandiella – Vía Parada.
LA GAMONAL es el pico más renombrado de la cercana Sierra del Aramo; no es el más alto, pero es vértice de altura y límite de los concejos de Quirós, Riosa y Morcín. Se encuentra enclavado en el centro geográfico de Asturias, en la zona norte de la citada Sierra, y en días despejados tiene una gran visibilidad.
Si el día no es favorable a causa de lluvia, en las proximidades del lugar tenemos el Montsacro (La Magdalena) que como sabéis, está dentro de nuestro programa para casos de necesidad en cuanto al tiempo.
Nacido del hogar señorial del Barón de Menthon, renunció a su baronía y estirpe, y dedica su vida a las altas cumbres y a la vida de Monasterio en un lugar rodeado por las grandes cimas de los Alpes. Allí comienza su dedicación a la montaña y a los montañeros que caminantes, cruzan neveros y glaciares de Italia a Suiza, entre ventiscas y tormentas. La semilla va tomando forma día a día en la soledad de sus meditaciones y pronto tiene a su lado un selecto grupo de hombres de su talla y entusiasmo. Y el Monasterio, primer refugio alpino, fue adelante a base de esfuerzos y trabajo. La regla impuesta por el fundador a sus monjes es la misma hoy, al cabo de muchos años. Vida dura entre nieves perpetuas, bloqueados la mayoría del año e incomunicados. Las actividades de Monasterio son variadas, siendo entre ellas la principal y más importante la de patrullar por aquellas rutas que cruzan los Alpes, para socorrer, guiar u orientar a viandantes, excursionistas o caminantes, muchos de los cuales, sin tan eficaz ayuda, quedarían para siempre sepultados bajo hielos y glaciares. Con ellos, los monjes, se hicieron también imprescindibles los perros, sin cuyos animales, dóciles e inteligentes, la labor humanitaria de estos hombres sería prácticamente nula. Producto de un cruce entre las razas «bulldog» y de los Pirineos, crecen perros grandes y enormes, los San Bernardo, que consiguen llevar a una persona en el lomo durante largos recorridos. La puerta del Monasterio de los monjes de la nieve sigue abierta día y noche, dispuesta a recibir a todo aquel que precise ayuda o asilo. Y Bernardo de Menthon, malogrado barón, -afortunadamente para el montañero-, sigue perenne en el tiempo, en su Monasterio, entre sus Monjes y montañas. Y aquí está, entre los suyos siempre, piolet en ristre y mochila a la espalda, velando por cuantos tratamos de imitarle por entre rocas y hielos, en esa gran verdad que es la Montaña.
San Bernardo de Menthon, hoy, a los novecientos años de su partida y ausencia, sigue siendo el mejor ejemplo y lección para el hombre que en la Montaña busca, con la paz y la meditación, la más bella forma de vivir.
Es pues San Bernardo de Menthon el patrono de todos los montañeros.